Me decía Carlos Manubens que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Un profesional de su sector, donde la excelencia es un factor clave, es importante detenerse en este concepto.

Muchos trabajadores esquivan enfrentarse con la realidad puliendo un poco más el informe, repasando de nuevo el código o dándole otra vuelta al diseño. Pero esto es todavía peor cuando subimos en la escalera de mando, donde en un entorno VUCA nos parapetamos en que nos faltan más datos y posponemos una decisión cuyo resultado depende del tiempo. Un deportista no puede dudar si tira a canasta o no porque en medio segundo ya estará defendido, la duda te hace perder el partido, y en el sector empresarial ocurre lo mismo. Vivir sin todos los datos y con la presión no te ha de impedir tomar la decisión.

Es bastante obvio por qué usamos esta técnica del avestruz, hasta que no decidimos no se puede ver el resultado, y lo que está en la mente de todos es el error, el fallo. Pero es como intentar vivir la vida sin salir de casa por miedo a equivocarse, eso no es vivir, y creedme, hay más de uno y de dos que más que vivir intentan que nadie les vea.

¿Tu quoque, Brute, fili mi?

Existen tres posibilidades cuando hablamos de autoexigencia, tal y como afirman Hewitt y Flett: el autoorientado, el orientado a los demás y el socialmente prescrito.

Para resumir, el primero sería el que nos imponemos, el segundo el que imponemos a otros y el tercero, el que nos impone la sociedad.

Está claro que los dos últimos son los más perjudiciales, un entrenador o un líder de equipo que exige por encima de las posibilidades puede llevar a que muchos abandonen el barco. De hecho, es una de las razones destacadas a la hora de cambiar de trabajo. Suele ser el más habitual, pero no el más peligroso.

Pero el que me interesa de verdad y es el que hemos de eliminar por completo, es el último. Todo el contexto social que nos marca unas exigencias que, si están fuera de nuestras capacidades, puede llevarnos a depresión, ansiedad y suicidios, algo que correlaciona de forma milimétrica con lo que ocurre con muchos adolescentes. La presión social, principalmente por las redes sociales, los ha llevado a niveles de exigencia insostenibles.

¿Y en la empresa? La cultura empresarial tóxica usa los mismos principios y tiene sus propias herramientas, nuestros viejos amigos los ERP y todas sus variantes. Con lo que hemos de tener cuidado con qué tipo de cultura queremos y qué herramientas usamos para mantenerla, si no queremos caer en una distopía donde la gente es juzgada por sus resultados en vez de por su valor.

Hemos de ser capaces de procesar el error sin señalar, que la presión sea un aliciente y no un bloqueador. Y cuando vemos que el error se produce, y hemos de fomentar que ocurra, analizarlo. Convertirnos en un forense que pueda repasar lo sucedido sin culpar a las personas, sino agradecerles la oportunidad para entender los límites del sistema.

Lo he vivido en primera persona. Recuerdo el caso de un profesional que empezó a bajar su rendimiento cometiendo errores poco habituales. Teníamos dos opciones, esperar a que mejorara o atajar el problema. Tras sentarnos con él descubrimos que se juntaron dos problemas: al ser tan excelente, lo habíamos sobrecargado de trabajo con dos contextos tan similares que, al final, con la presión de entregar resultados, se confundía.

Porque, perdona la confianza, en tu empresa, ¿se premia la detección temprana del error y su análisis o se oculta y se castiga? Esto es una de las doce bases del Método Ona Mind.

Toda empresa debería tener un Instant Replay o VAR para poder ver qué ha pasado, de forma desapasionada, para extraer las conclusiones, crear un entorno de debate honesto, público y abierto para incorporar mejoras continuas al sistema. No es tanto crear el tribunal per se, sino la seguridad de que los errores se tratan como oportunidades y no como elementos de castigo.

Si te ves reflejado en algo de esto, llámame sin miedo. Te escucho y buscamos una solución juntos, conmigo o con mi red de contactos. Como todo el mundo, busco clientes, pero sobre todo busco relaciones a largo plazo. Mi idea no es venderte mi producto, sino conocer tu problema y crear una relación de confianza duradera. Seguro que encontramos una respuesta, y si no la encontramos, al menos nos habremos conocido.