Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones, de momento no tengo datos duros que lo certifiquen, pero lo que sí puedo certificar es que el Power Point lo aguanta todo. Sentarse solo en una oficina, con un ordenador, la idea de mejorar el ambiente laboral combinado con mucho tiempo libre y sin un conocimiento real, lleva a refrendar el dicho.
Todos los estudios afirman que el bienestar emocional mejora el rendimiento de los equipos, que traducido para el CFO y el ahora CPO o el más moderno Chief Culture Officer, es más productividad. Pero nos enfrentamos con una realidad complicada, podemos desglosar el concepto en sus múltiples hilos: ser visto, ser escuchado, ser reconocido, seguridad para tomar riesgos, etc… pero si no tenemos no solo un plan, sino un ecosistema que lo soporte se convertirá en el enésimo plan fracasado.
Este patrón es recurrente en mi vida profesional: Nuevas herramientas, nuevas plataformas, nuevos dashboards. La tecnología abre la puerta de una patada y sin llamar ni pedir permiso de la mano del director de turno con su promesa de eficiencia. Lo que no llega es el trabajo previo: para qué, cómo y quién. La herramienta es el cohete. El sistema es lo que decide si llega al espacio o es un nuevo Challenger.
Los sueños, sin objetivos y sin rutinas, llevan a la decepción.
Es necesario no solo imaginar a lo grande, sino los pasos que nos llevarán a despertar en esa Shangri-La que hemos imaginado. En este dibujo hemos de ser la versión detallista, que fija pequeños pasos y crea los hábitos que forjarán el cambio de carácter.
En cada paso que damos hemos de recoger los datos que reflejen el camino. Tener métricas no solo de si completamos la tarea, sino donde nos va colocando cuando sumamos los pequeños esfuerzos globales de todos los trabajadores. De este modo, sabremos qué camino hemos tomado y al mirar atrás veremos todo lo que hemos avanzado.
Las habilidades se desarrollan con repetición estructurada, las teorías del aprendizaje experiencial de Kolb y la práctica deliberada de Ericsson demuestran que es el camino para fijar un cambio. No conozco ningún estudio que afirme que cerrando los ojos y deseando muy fuerte se produzcan cambios relevantes.
Una organización con potencia se quedará en un pudo ser, si no tiene una estructura que le haga crecer, lo mismo que en el deporte.
Para saber si realmente tenemos un sistema o solo un power point nos podemos hacer estas preguntas:
- ¿Hay alguien responsable de que el trabajo se ejecute siempre y no solo cuando hay tiempo?
- ¿Se han definido indicadores o todo va a funcionar por intuición?
- ¿El equipo sabe qué se intenta conseguir, para qué se intenta conseguir y qué medios están a su disposición para conseguirlo?
Si has contestado no a alguna de las preguntas no has pasado de tener una buena idea y te queda todavía trabajo por hacer.
Las ideas sin sistema es como la potencia sin control. Un submarino sin sistema de guía es un peligro para la sociedad, pero si sabe donde va, con toda la información y un sistema de autocorrección, nos puede llevar a explorar los océanos y descubrir nuestro planeta desde un punto de vista desconocido. Sin eso, tendremos un repositorio de documentos que nadie consultará y con un copy extraordinario, pero que nadie va a leer.
Intento trabajar exactamente esto, el puente entre el discurso al protocolo, del protocolo a la persona, de la persona al dato, del dato a la toma de decisiones. Porque intuir no es saber, saber no es conocimiento y conocimiento no es sabiduría.
Si estás en ese punto en el que tienes la intención clara pero el sistema no termina de arrancar, o simplemente no sabes por dónde empezar, escríbeme o envíame un email a info@tatxe.org. No tengo una solución mágica, pero sí experiencia construyendo ese puente. A veces solo hace falta una conversación.