Aquí tienes el párrafo central con tu anécdota integrada, y el cierre con el puente corregido:

Lo que es interesante son las otras cualidades, que encontraron Den Hartog, House, Hanges y Ruiz-Quintanilla en su estudio. Estas cualidades que destacan son inspirar confianza, ser justo, ser motivador y ser un buen comunicador. Habilidades que caerían directamente en la categoría de habilidades emocionales.

Lo he visto de cerca. En una empresa en la que trabajé, señalamos a un líder la incongruencia en el trato a la hora de afrontar a los proveedores. Su respuesta fue clara: “no acepto discusiones, porque para eso el que manda soy yo”. No hace falta decir cómo terminó: viendo cómo se recibían los feedbacks, todos se callaron, y el proyecto acumuló tantos errores que se enterró al cabo de dos meses, para que nadie más hablara de él.

Y estas habilidades son todavía más importantes en las transformaciones culturales e implementaciones digitales. Sin estas capacidades, las fricciones serán proporcionales a la inversión realizada.

Por otra parte, las habilidades negativas que todos apuntan como importantes no sorprenden a nadie: ser poco social, egocéntrico, dictatorial. Y diría que todos conocemos a alguno con este perfil y que todavía, sin saber bien cómo, sigue siendo un líder a ojos de dirección.

Son precisamente estos perfiles los que hacen fracasar los procesos de cambio: porque un cambio cultural o una transición digital no fracasa por falta de tecnología, fracasa cuando las personas que deben sostenerlo no se sienten escuchadas ni acompañadas.

Si estáis viviendo ese momento, si sabéis que algo tiene que cambiar pero no encontráis por dónde empezar, hablemos. No hace falta tener todas las respuestas antes de dar el primer paso, solo hace falta empezar la conversación, ¿hablamos?.